
Está meridianamente claro que las ONG, como la nuestra, deben de dar pasos de encuentro con la juventud que ha mostrado sobrado interés en éste tipo de organizaciones, pero que busca esos puentes de conexión que les haga sentirse identificados globalmente con su funcionamiento.
Hablamos de jóvenes millenials y de generacion Z (nacidos entre 1981 a 2012), años cuyas crisis económicas, nuevas tecnologías y cambios sociales acelerados han repercutido claramente en sus vidas.
Hablamos de personas con una gran formación pero infraempleados; de una hiperdigitalización impregnada de titulitis, pero con una emancipación bloqueada, víctimas de la precarización laboral que les afecta.
Millenials han centrado su compromiso en la plausible siempre búsqueda de la justicia social. La Generación Z ha apostado muy fuerte de la no menos importante búsqueda de la sostenibilidad ambiental, y la inquietud por el cambio climático.
Todo éste grupo social, acompañado de sus redes sociales favoritas, manifiesta un compromiso claro con el voluntariado, y una gran valoración por lo auténtico y transparente.
Ahí están los datos:
• 75% de los jóvenes quieren contribuir a causas sociales.
• 55% desean que su trabajo esté alineado con sus valores.
• Sin embargo, solo 27% han participado activamente en iniciativas sociales recientes.
Básicamente simpatizan con estas estructuras, aunque desconfían entre otras cosas por su esquema de organización que consideran demasiado tradicional.
Entre otras cosas necesitan que hablemos su “mismo idioma “ digital (esencialmente basado en redes sociales), como una forma de ganarnos su confianza en el proceder.
En favor de las ONG hay que decir que suelen ofrecer:
• Educación y formación.
• Empleo juvenil y emprendimiento.
• Bienestar social y salud mental.
• Sensibilización y educación social.
Todas las inquietudes de nuestra juventud , en definitiva han de converger y establecer sinergias con los propósitos de las ONGs.
Los beneficios de la colaboración son claros: desde conseguir un mayor alcance y visibilidad hasta optimizar recursos, y sobre todo mejorar la credibilidad y la legitimidad de los mensajes.
Se ha de abrir mecanismos de participación empáticos, y contar con con ellos para dirigir y promocionar su capacidad de liderazgo en un nuevo entorno más integrador.
Ya sabemos el camino, ahora debe llegar la acción.